La guerra de Crimea (1853-1856) fue un conflicto bélico que enfrentó a la Rusia imperial de los Romanov contra una alianza formada por el Imperio Otomano, Gran Bretaña y Francia, estos dos últimos, antiguos enemigos de las guerras napoleónicas y ahora aliados. La mayoría de las operaciones militares del conflicto se desarrollaron en la península de Crimea, en la costa del Mar Negro, la cual constituía un elemento estratégico de gran valor. El desencadenante oficial de la contienda fue la creciente tensión alcanzada entre las comunidades ortodoxas y católicas turcas por la gestión de los templos cristianos de Crimea y la posterior actuación del gobierno otomano, aliado de los británicos y franceses, a favor de estos últimos. Esto sirvió como excusa para que las tropas zaristas ocuparan la península por la fuerza.
La respuesta anglo-francesa no tardo en materializarse. Una fuerza expedicionaria mixta en la que se encontraba la famosa Brigada ligera llego a Turquía pocas semanas después de la invasión rusa. Esta unidad de caballería estaba considerada la mejor tropa del momento; también era conocida por las disputas y antipatías internas entre sus oficiales. La cadena de mando británica pensaba que la rivalidad entre los oficiales dentro de la brigada era una buena forma de motivación y refuerzo para la moral de la tropa. Así pues, lejos de terminar con estos conflictos, el mando británico los alentaba de forma deliberada.
Durante la batalla de Balaklava (25 de octubre de 1854) la negligencia de los mandos y la enemistad entre los oficiales llevo a la brigada ligera a lanzar por error un ataque contra las posiciones artilladas rusas. La carga, que llego a alcanzar las líneas cosacas después de recibir un intenso fuego de artillería y armas ligeras, fue rechazada por la infantería rusa y obligada a retirarse; la brigada ligera sufrió un gran número de bajas en esta acción. Un oficial francés que presencio el ataque llego a exclamar: “Es magnífico, pero no es la guerra”. Esta acción, que está reconocida hoy en día como uno de los grandes errores militares de la historia, fue inmortalizada y presentada como una hazaña bélica sin parangón en el poema del escritor británico Alfred Tennyson (1809-1892).
Grabado del siglo XIX de la carga de la brigada ligera
Tennyson de manera magistral consiguió disfrazar en el poema "The Charge of the Light Brigade" una negligente y mala interpretación de las órdenes del mando británico en una valerosa acción unilateral de la caballería británica. La prensa de Londres se sumo a esta campaña de engaño y propaganda difundiendo el poema y respaldando la versión del poeta de los acontecimientos."The Charge of the Light Brigade" paso a la historia como una maniobra de manipulación sobre la acomodada sociedad victoriana en forma de himno al valor y al sacrificio por la patria, siendo utilizado el poema de forma política por los periódicos en otras situaciones similares, como la derrota del Séptimo de caballeria.
Lord Alfred Tennyson
LA CARGA DE LA BRIGADA LIGERA
Media legua ante ellos.
Por el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.
En el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
¿Algún hombre desfallecido?
No, aunque los soldados supieran
Que era un desatino.
No estaban allí para replicar.
No estaban allí para razonar,
No estaban sino para vencer o morir.
En el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones ante sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Cabalgaron con audacia,
Hacia las fauces de la Muerte,
Hacia la boca del Infierno
Cabalgaron los seiscientos.
Brillaron sus sables desnudos,
Destellaron al girar en el aire,
Para golpear a los artilleros,
Cargando contra un ejército,
Que asombró al mundo entero:
Zambulléndose en el humo de las baterías
Cruzaron las líneas;
Cosacos y rusos
Retrocedieron ante el tajo de los sables
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no
No los seiscientos.
Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones detrás de sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Mientras caballo y héroe caían,
Los que tan bien habían luchado
Entre las fauces de la Muerte
Volvieron de la boca del Infierno,
Todo lo que de ellos quedó,
Lo que quedó de los seiscientos.
¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
A los nobles seiscientos!”


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